Los 12 sellos del envejecimiento
El envejecimiento no depende de un único proceso. Está relacionado con diferentes mecanismos biológicos que interactúan entre sí y que pueden contribuir al deterioro progresivo del organismo.
Estos mecanismos se agrupan habitualmente en tres grandes categorías:
Marcadores primarios, relacionados con el daño celular:
- Inestabilidad genómica.
- Acortamiento de los telómeros.
- Alteraciones epigenéticas.
- Pérdida de proteostasis.
- Alteraciones de la autofagia.
Marcadores antagonistas, que aparecen como respuesta al daño:
- Desregulación nutricional.
- Disfunción mitocondrial.
- Senescencia celular.
Y marcadores integrativos, que son consecuencia de los daños acumulados:
- Agotamiento de las células madre.
- Alteraciones de la comunicación intercelular.
- Inflamación crónica.
- Disbiosis.
Todos ellos están conectados. Por eso, cuando se modifica uno de estos procesos, también pueden verse afectados otros mecanismos relacionados con el envejecimiento.
La disbiosis: uno de los sellos del envejecimiento
La disbiosis hace referencia a una alteración del equilibrio de la microbiota intestinal. No significa simplemente que haya «bacterias buenas y malas», sino que cambia la composición y funcionamiento del ecosistema microbiano.
Este desequilibrio puede relacionarse con procesos como la inflamación, la respuesta inmunitaria, el metabolismo y la comunicación entre el intestino y el cerebro.
Por eso, estudiar la microbiota puede ayudar a comprender mejor algunos de los cambios que acompañan al envejecimiento.
¿Cómo cambia la microbiota intestinal con la edad?
La microbiota intestinal no permanece igual durante toda la vida. Con el envejecimiento puede producirse una modificación de su composición y una mayor variabilidad entre individuos.
Estos cambios están condicionados tanto por las características de cada persona como por factores relacionados con su estado de salud y su entorno.
Además, el propio proceso de envejecimiento puede modificar diferentes funciones digestivas:
- Disminución del olfato y el gusto.
- Cambios en la dentición y la deglución.
- Alteraciones del peristaltismo.
- Menor secreción ácida y de enzimas digestivas.
- Cambios en la inmunidad de la mucosa.
- Alteraciones de la motilidad del colon.
A estos factores se suman otros relacionados con el estilo de vida y la salud, como el sedentarismo, las enfermedades asociadas a la edad o el uso de determinados medicamentos.
Alimentación, medicamentos y estilo de vida: factores que pueden modificar la microbiota
La composición de la microbiota está influida por múltiples factores.
Una alimentación menos variada y con menor presencia de fibra y vegetales puede reducir la disponibilidad de sustratos para las bacterias intestinales.
También pueden influir determinados medicamentos, especialmente el uso de antibióticos, así como una menor actividad física y los cambios que se producen en el sistema inmunitario con la edad.
Por otra parte, la relación entre el intestino y el cerebro es bidireccional. El comportamiento, el estilo de vida y las relaciones sociales también pueden influir en el ecosistema intestinal.
Bacterias que disminuyen y microorganismos que aumentan
Los cambios asociados al envejecimiento no afectan de la misma manera a todos los microorganismos.
En el material de referencia se identifican tres grandes grupos.
Comensales que disminuyen
Entre ellos se encuentran microorganismos como Prevotella, Faecalibacterium, Eubacterium rectale, Lachnospira, Coprococcus y Bifidobacterium, asociados en los estudios mencionados con patrones de envejecimiento saludable.
Muchos de estos microorganismos participan en la producción de metabolitos beneficiosos, como el butirato.
Patobiontes que pueden aumentar
Otros microorganismos, entre ellos Eggerthella, Bilophila, Fusobacteria, Streptococcus y Enterobacteriaceae, pueden aumentar en determinados contextos asociados a un envejecimiento menos saludable.
Algunos de estos microorganismos pueden producir metabolitos y compuestos que, en determinadas circunstancias, pueden resultar perjudiciales para el organismo.
Microorganismos que aumentan pero pueden agotarse
Existe también un grupo de microorganismos, entre ellos Akkermansia, Christensenellaceae, Butyricimonas y Odoribacter, cuya presencia puede aumentar con la edad pero disminuir en determinados patrones de envejecimiento menos saludable.
Esto pone de manifiesto que la microbiota no sigue una única trayectoria y que su evolución depende de múltiples factores.
El papel de los metabolitos: ¿qué produce nuestra microbiota?
Las bacterias intestinales no solo forman parte de nuestro ecosistema digestivo. También producen diferentes metabolitos que pueden influir en el organismo.
Uno de los más estudiados es el butirato, un ácido graso de cadena corta producido durante la fermentación de determinados tipos de fibra.
El butirato puede:
- Servir como fuente de energía para las células del colon.
- Contribuir al mantenimiento de la barrera intestinal.
- Participar en la regulación de procesos inflamatorios.
- Intervenir en mecanismos relacionados con el metabolismo.
Otros microorganismos pueden producir metabolitos potencialmente perjudiciales en determinadas circunstancias, por lo que no solo importa qué bacterias están presentes, sino también qué funciones desempeña el ecosistema intestinal.
Microbiota, permeabilidad intestinal e inflamación
Cuando se altera el equilibrio del ecosistema intestinal, puede verse afectada la función de la barrera intestinal.
Esta barrera actúa como una interfaz entre el contenido del intestino y el organismo. Una alteración de su funcionamiento puede favorecer el paso de determinados componentes bacterianos, como el lipopolisacárido (LPS), y contribuir a una respuesta inflamatoria.
Este estado de inflamación crónica de bajo grado se relaciona con el concepto de inflammaging, utilizado para describir el estado inflamatorio asociado al envejecimiento.
El eje intestino-cerebro: una comunicación constante
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional a través de diferentes vías.
Vía neural
El nervio vago constituye una de las principales vías de comunicación entre el intestino y el sistema nervioso.
Vía inmunitaria
Las señales relacionadas con el sistema inmunitario y la inflamación pueden influir en la actividad cerebral.
Vía metabólica
Los metabolitos producidos por la microbiota, entre ellos los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y determinados derivados del triptófano, participan también en esta comunicación.
Por eso, cuando hablamos de salud intestinal, no estamos hablando únicamente de digestión.
¿Qué relación existe entre microbiota y longevidad?
Uno de los aspectos que más interés está generando es la relación entre la composición de la microbiota y el envejecimiento saludable.
El material de referencia señala que algunas personas centenarias mantienen una microbiota más diversa y equilibrada, lo que constituye una de las líneas de investigación sobre los posibles mecanismos relacionados con la longevidad.
Sin embargo, la microbiota es solo una pieza de un proceso mucho más amplio. El envejecimiento depende de múltiples factores genéticos, metabólicos, ambientales y relacionados con el estilo de vida.
Cuidar la microbiota es cuidar la salud a largo plazo
La microbiota intestinal cambia a lo largo de nuestra vida y puede verse influida por la alimentación, el movimiento, el descanso, el estrés, los medicamentos y otros factores.
La disbiosis es uno de los mecanismos relacionados con el envejecimiento y mantiene conexiones con procesos como la inflamación, la barrera intestinal, el metabolismo y el eje intestino-cerebro.
Por ello, mantener unos hábitos saludables puede contribuir a preservar un ecosistema intestinal más diverso y funcional.
En el siguiente artículo veremos qué podemos hacer desde la alimentación y el estilo de vida para cuidar nuestra microbiota y favorecer un envejecimiento saludable.
